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La caída del precio de la luz afecta negativamente a las empresas fotovoltaicas y de autoconsumo

La caída de las empresas fotovoltaicas y de autoconsumo

Un pájaro posado sobre una estructura, con paneles fotovoltaicos en el fondo.

Una de las célebres frases atribuidas al renombrado inversor Warren Buffet dice: “Solo cuando baja la marea se sabe quién estaba nadando desnudo”. Como suele suceder, la realidad ha vuelto a respaldar a Buffet. Tras los años de auge en el sector energético, especialmente en el fotovoltaico, las debilidades de muchas empresas protagonistas de ese boom están saliendo a la luz.


En el centro de atención están los expedientes de regulación de empleo y los problemas financieros de Holaluz y SolarProfit, así como los problemas de gobierno corporativo de EiDF, por ejemplo. Pero no son las únicas afectadas por el drástico cambio en el mercado energético y la caída de precios. Simplemente son las más mediáticas. “Son muchas las empresas que están enfrentando problemas, y no solo las relacionadas con el autoconsumo; muchas comercializadoras también están en apuros. En general, todas aquellas que no supieron analizar correctamente las tendencias del mercado,” afirma Javier Revuelta, director sénior de la consultora especializada en energía AFRY Management Consulting.


El fallo más habitual fue pensar que los precios de la luz altos eran un cambio estructural.

El error más común fue asumir que los altos precios de la luz eran un cambio estructural.

Cada una tiene su propio calvario, pero todas comparten un error común. Confiaron en que el aumento de precios energéticos tras la crisis de la guerra de Ucrania y el incremento de la demanda de energías renovables eran un cambio estructural, proyectando un crecimiento constante de la demanda y precios altos de la luz, cuando en realidad era solo una respuesta a las tensiones geopolíticas. “Esto llevó a algunas compañías a sobredimensionar sus estructuras mucho más de lo necesario y aplicar modelos de negocio que la caída de precios ha demostrado fallidos,” apuntan todos los expertos consultados.


Plantillas abultadas, compra de empresas de instaladores de paneles fotovoltaicos o compañías de formación ante la escasez de personal, excesos de marketing, oficinas suntuosas, y salidas a bolsa que propiciaron un crecimiento muy acelerado. Todo esto se sumó a prácticas comerciales dudosas que fueron sancionadas por el regulador de la competencia (CNMC). Estas empresas eran advenedizas en el sector energético que vieron una forma fácil de ganar dinero.


“Más allá de los indudables excesos, que los hay, también se han dado una serie de episodios macroeconómicos externos que difícilmente suelen coincidir en el mismo momento histórico,” señala Héctor de Lama, director técnico de la patronal de energías renovables, Unef. Se refiere a la histórica subida de los tipos de interés, que ha reducido drásticamente el dinero disponible de las familias; la caída de los precios de la luz, de máximos superiores a los 200 euros por MWh en 2022 hasta precios negativos en momentos puntuales, y el incentivo de las subvenciones de los fondos de recuperación europeos, que impulsaron el autoconsumo pero lo hundieron cuando se agotaron.


Holaluz, SolarProfit y EiDF son algunas de las empresas que más problemas tienen con el cambio de tendencia.

Holaluz, SolarProfit y EiDF son algunas de las empresas que más problemas enfrentan con el cambio de tendencia.

Pero no solo la demanda se ve afectada. También las estructuras financieras de muchas empresas, tanto de autoconsumo como de comercializadoras de energía. “Muchas tenían los contratos con clientes ligados a planes de compra de energía a plazo, y cuya cuantía no llegaba ni para pagar el coste inicial de las placas solares. Cuando el precio de la luz en el mercado estaba a 300 euros por MWh y ellos la tenían comprada a 100, podían revenderla a sus clientes finales más barata que el mercado. Ahora, con los precios cero y negativos, cuadrar esas diferencias es solo posible para las que tienen un gran respaldo financiero,” afirma Javier Revuelta.


La sangría para las comercializadoras comenzó en 2022 debido a los altos precios, pero los precios bajos causan tanto o más daño. El autoconsumo para instalaciones particulares tiene un camino complicado; las instaladoras confían en la demanda de empresas e industrias y en el impulso al consumo colectivo de la Unión Europea para superar el bache.



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